La importancia de llamarse Ernesto (o porqué la Medicina trata mejor a los hombres que a las mujeres) 

Ernesto, o Francisco, o Pepe. Parece claro que puestos a ponernos enfermos, ser hombre tiene sus ventajas.

A través de un tweet de la Dra Eva Martín @SFCencuentro  he podido leer el interesante artículo de opinión de Maya Dusenbery @mayadusenbery para el HuffPost, que nos cuenta los diferentes sesgos que las mujeres han sufrido (y cuyo poso aún perdura) tanto en la práctica clínica como en la investigación médica La mayor virtud de este artículo es recordarnos que esas diferencias en la práctica clínica y la investigación aún están presentes:

  • las enfermedades con mayor prevalencia femenina (como las de origen autoinmune) son peor conocidas porque los esfuerzos en la investigación han sido menores
  • los síntomas sentidos y expresados por las mujeres son menos “creídos” y con frecuencia no se consideran causados por dolencias físicas
  • existe menos conocimiento sobre el uso de fármacos en cuanto a su efectividad, dosis y efectos adversos en la poblaciín femenina, ya que en los ensayos clinicos no suelen analizarse las diferencias sobre estos aspectos entre hombres y mujeres

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    Imagen de Valentina Jori

La cuestión no es en absoluto nueva y su conocimiento constituye ya un campo de investigación asentado y con un gran número de publicaciones científicas. Lo mejor, que muchas organizaciones están introduciendo mecanismos para corregir dichos sesgos. Lo peor, que muchos de ellos están tan arraigados que persisten en la práctica clínica, y que la falta de conocimiento (fruto de cientos de años de investigación centrada en el hombre) ha llegado hasta nosotros como un agujero de información que necesitará de mucho esfuerzo y dedicación para ser cubierto.

Para profundizar en el tema tenemos un estupendo libro de Maria Teresa Ruiz (de descarga gratuita) “Sesgos de género en la atención sanitaria” editado por la Escuela Andaluza de Salud Pública y que deberíamos tener como libro de cabecera para no perpetuar los estereotipos, errores, retrasos en el diagnóstico y falta de rigor a la cientos de años de conocimientos basados en el hombre nos han conducido.